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VICARÍA EN ACCIÓN
Departamento de Zonas

El Departamento de Zonas desarrollaba y coordinaba el trabajo pastoral de la solidaridad que se realizaban en las distintas zonas pastorales de la Arquidiócesis de Santiago. En general se trataba de ayuda con criterios promocionales a los pobres y marginados de los sectores urbanos, gestionando programas de apoyo a la subsistencia (ollas comunes, comités de abastecimiento, comprando juntos, talleres artesanales, talleres poblacionales, huertos familiares, comedores infantiles y de ancianos), capacitación (organizaciones solidarias, mujeres pobladoras, jóvenes, animadores de organizaciones poblacionales, agentes pastorales, voluntariado de ancianos); recreación educativa (colonias urbanas, campamentos de verano, recreación educativa permanente); de servicio de la Vicaría de la Solidaridad a las zonas, y programas propios de cada zona (salud, casas para la comunidad, problemas de vivienda, renovación teológica pastoral, entre otros).

Comedores Infantiles programa de salud

Los comedores infantiles, inicialmente surgidos al alero del Comité  de Cooperación para la Paz en Chile en el invierno de 1975, fueron, junto con las bolsas de trabajo y grupos de voluntarias de salud, las primeras organizaciones que se levantaron casi espontáneamente para palear el hambre, la falta de trabajo y los problemas de salud.

Ocupando el espacio físico de una parroquia o capilla, acogieron a los niños de cada sector para darles almuerzo. Las encargadas de prepararlo fueron las madres de los mismos niños y voluntarias de las organizaciones eclesiales. Mientras que los productos con los que se cocinaba correspondían a donaciones, fundamentalmente de la Iglesia o de los eventos realizados por las distintas zonas para recaudar alimentos.

 

Talleres Solidarios

“Son los valores del pueblo, escritos en una tela de saco harinero”

Dentro de un período de inestabilidad social, ante una dominación abierta y fuerte que imposibilitaba el poder comunicar el sentimiento que generaba en la población el haber sido arrastrados a una situación de país violenta y no deseada, surgieron las arpilleras, al alero del Comité de Cooperación para la Paz en Chile.

Se había producido una herida muy profunda en el alma de los familiares de todo aquellos quienes habían sido detenidos, torturados o desaparecidos. Los funcionarios del Comité se sentían empequeñecidos frente a tanto dolor.

Se buscó entonces a una persona que conociera algunas técnicas del trabajo artesanal y se comenzaron a elaborar las arpilleras. Se hizo una reunión para proponer al grupo la idea. Se distribuyó papel y lápiz para que cada quien dibujara lo que sentía en ese momento. Los bosquejos fueron diferentes, sin embargo, el problema dibujado, el mismo.

Se dio entonces comienzo al trabajo de las arpilleras en agosto de 1975, sin que nadie siquiera imaginara las proyecciones que iba a tener.

Luego, las arpilleras comenzaron a legitimarse como soporte comunicativo, a pesar de la reticencia de sus autoras: “Nosotras las encontrábamos tan feas (…) ¡Si eran los problemas de nosotros! ¡Y los problemas de los pobres nunca han sido lindos!”.

En el lapso transcurrido entre el inicio del trabajo de las arpilleras y su traslado a la Vicaría de la Solidaridad, el grupo siguió creciendo. Las arpilleras fueron conocidas en el mundo entero. El terrible drama de los desaparecidos en Chile llegó a ser conocido y comprendido, gracias a la decisión y entereza de estas mujeres que lucharon y contaron su dolor.

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